No lo digas. Yo sé que es una despedida y no quiero ser melodramática. Puedes quedarte cinco minutos más, en lo que baja el sol. Está ocultándose más y más por el horizonte y ahora solo contemplo tu cara con los últimos rayos de luz.
Escucha, ahora me toca hablar a mí: eres todo lo que busco en un hombre, pero lo nuestro no ha sido seguro desde que te conocí; así que solo deja que el día se consuma y no digas nada.
Mira lo que tengo aquí: es un libro con la portada blanca y en ella la cara de un payaso. Sé que te gusta y por eso lo traje, porque esta será la última vez que nos veremos.
Quisiera que pudiéramos querernos más, o de una forma diferente, pero los meses pasan y seguimos viéndonos una vez por cada tres o cuatro semanas. Puedo fingir que no me duele y actuar indiferente, solo que ya no quiero.
Escucha, ahora me toca hablar a mí: en ti encontré los cuidados que siempre necesité; la atención y el cariño que debí tener desde que era niña; pero lo nuestro no ha sido seguro desde que te conocí.
Solo mírame, que me arreglé para ti. Es raro que esta vez no podamos hallarnos entre las palabras y entre los jugueteos; por eso sé que es la última vez.