El Andén

Extendí mis manos hacia uno de los pasamanos que se encontraban a los costados del vagón y, justo cuando iba a abrazarlo con los dedos, resbalé ligeramente. Pensé en que, como en una novela romántica, al levantar la mirada estarías allí: sentada y perpleja en un asiento, porque hace tanto que no cruzábamos miradas.

Y no es solo eso: desde hace semanas deseo discernirte de entre toda la gente que sube en la estación Universidad. No he perdido la esperanza y sigo buscándote: sentada en alguna banca del andén; subiendo las escaleras, tratando de alcanzar el tren; o simplemente de pie, con pose indiferente ante su huida, mientras en tu celular llegan notificaciones.

Notificaciones que no son mías, porque nuestras fotos de perfil se encuentran en blanco.

El tren avanzó una estación más y nada. Pero en la siguiente, al activarse los frenos e ir disminuyendo lentamente la velocidad, mis latidos comenzaron un bombeo que hacía eco en mis oídos

(tucúm tucúm, tucúm tucúm),

porque presentía que ahí estarías: en la primera banca del andén, de izquierda a derecha.

Dispersé aquella imaginación cuando vi que el lugar estaba vacío.

—Yo me bajo en esta estación— me dije, después de reaccionar de la inconsciencia.

Deseaba que me vieras, porque nuevamente me había arreglado para ti. Mientras subía las escaleras, me pregunté si traerías un nuevo fleco, si seguías con tu «nuevo yo» y si tendrías el mismo horario de día; que quizá era por esa razón que no podíamos coincidir. De mi trabajo salía hasta que oscurecía, y esa era la única oportunidad para estar un poco cerca de ti.

Más de una vez caminé con paso apresurado por el costado de tu facultad

(otro día sin verte, otro día sin verte),

mientras la luna cubría por completo todas las explanadas por las que pasaba. Caminaba hacia el polideportivo de mi facultad para entrenar y despejar mi mente, exhalando ante el aire frío y viendo cómo se generaba vapor. En otra ocasión me habría parecido maravillosa la forma en que este se formaba, pero para entonces caminaba con los ojos fijos al frente, tratando de ignorar los sentimientos que me generaban aquellos edificios al pensar en ti; simplemente me preparaba mentalmente para el entrenamiento.

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