Me encontraba tranquilo y sin nada que hacer aquel sábado en el que el viento enfriaba los pórticos y los vidrios de las ventanas. Dentro hacía calor, y esa reconfortante calidez me produjo ganas de jugar videojuegos y tomar algo. «No es mala combinación, jefe», me dije. Opté por ir Seguir leyendo