Corrí hasta la calle principal de la privada mientras la lluvia azotaba la avenida. Me topé con el portón de acero galvanizado e intenté abrirlo con insistencia; en mi cabeza, golpeaba y estrujaba el metal exigiendo respuestas. Me apresuré a caminar por la calle Magnolia. El pelo se me pegaba Seguir leyendo